"¡Tengo sed!"
Pienso en las calles del casco antiguo con las fuentes en las fachadas, las piletas en curva. Recuerdo a mi padre refrescarnos la frente y nuca en días calurosos de verano. Sólo desde la distancia y la nostalgia de mi niñez pienso en esas fuentes que salpicaban las calles de los pueblos, que daban vida con la música de su chorro al caer. Al volver por esas calles, muchas de esas fuentes en ruinas me evocan aquel esplendor que mantengo en la memoria, otras me asombran al verlas en tan buen estado, pero ni una sola gota sale de ellas. Sigo mi paseo y descubro una en un rincón, espero la misma suerte, pero al abrirla un chorrito tímido con su atropello al salir moja mi mano, la abro del todo y cuando el frescor inunda la fuente acerco mis labios para refrescarme y beber. ¡Hace calor!